El próximo 20 de agosto, el Banco de Alimentos de Tucumán volverá a reunir a empresas, productores, instituciones y referentes de distintos sectores en una nueva edición de su tradicional cena anual, un evento que trasciende el encuentro social para convertirse en una de las principales herramientas de recaudación que permite sostener el trabajo de una organización que, desde hace 24 años, combate el desperdicio de alimentos y acompaña a miles de familias tucumanas.
En la previa de esta nueva edición, Josefina Correa, directora ejecutiva del Banco de Alimentos de Tucumán, y Pablo Grandval, tesorero de la institución, dialogaron con Suena a Campo sobre el impacto que tiene la organización en la provincia, el rol fundamental que cumple el sector agropecuario y la importancia de seguir sumando empresas y particulares a una red solidaria que hoy llega a más de 60.000 personas.
Durante la entrevista, Josefina Correa explicó que la misión del Banco de Alimentos consiste en rescatar productos que, por distintos motivos, salen del circuito comercial aunque continúan siendo totalmente aptos para el consumo. Esos alimentos provienen principalmente de industrias, supermercados y distribuidores, y son recuperados para devolverles un enorme valor social mediante su distribución en comedores, hogares, merenderos y organizaciones comunitarias de toda la provincia.
Actualmente, la institución trabaja junto a 154 organizaciones sociales distribuidas en Tucumán, alcanzando de manera directa a más de 60.000 personas. Sin embargo, según remarcaron sus responsables, la necesidad continúa creciendo a un ritmo superior al de las donaciones que reciben diariamente.
«Siempre la necesidad nos supera», reconoció Josefina Correa, quien explicó que por ese motivo el Banco de Alimentos mantiene durante todo el año diferentes campañas destinadas tanto a recaudar fondos como a incorporar nuevos donantes. Además del rescate de alimentos, la organización compra aquellos productos que no recibe en cantidad suficiente para garantizar una alimentación equilibrada en cada comedor.
La directora ejecutiva destacó también un aspecto que considera central para sostener la confianza de empresas e instituciones: la transparencia con la que funciona la organización. Explicó que las propias entidades beneficiarias realizan un aporte simbólico destinado exclusivamente a cubrir gastos operativos como combustible, mantenimiento de vehículos o servicios, mientras que cada donación de alimentos o de dinero tiene un destino claramente identificado y trazable.
«Esa organización hace que podamos rendir cuentas absolutamente de todo. Es una institución confiable para cualquier empresa o persona que quiera colaborar», sostuvo durante la entrevista.
Uno de los ejes más destacados de la conversación fue el fuerte vínculo que el Banco de Alimentos mantiene desde sus orígenes con el sector agropecuario tucumano.
Pablo Grandval recordó que la institución nació en 2002 impulsada justamente por referentes del campo que entendieron que no podía convivir una producción abundante con familias que padecían hambre. Desde entonces, productores agrícolas de toda la provincia continúan realizando aportes que se transforman en un componente esencial para el funcionamiento del Banco.
El sistema es sencillo y, al mismo tiempo, muy eficiente. Muchos productores donan parte de su cosecha —como soja, maíz u otros granos—, esa producción se comercializa a través de acopios locales y los recursos obtenidos se destinan a comprar alimentos de alto valor nutricional que luego integran las dietas diseñadas especialmente para cada organización social.
Grandval explicó que detrás de cada comedor existe un trabajo previo realizado por equipos técnicos y nutricionales del Banco de Alimentos, que analizan la realidad de cada institución, la población que asiste y sus necesidades específicas para elaborar una asistencia acorde.
«Cada comedor tiene una realidad distinta. Algunos trabajan con niños, otros con adultos mayores o familias enteras. Se realiza un relevamiento y en función de eso se diseña la alimentación que reciben», explicó.
Durante la entrevista también compartieron un dato que refleja claramente el impacto que puede tener un aporte del sector productivo.
Una sola tonelada de soja o de maíz donada por un productor puede transformarse en más de 500 platos de comida para quienes más lo necesitan.
«Para un productor quizás representa una pequeña parte de su producción, pero para nosotros tiene un impacto social enorme», señaló Josefina Correa, al tiempo que destacó que el potencial solidario del agro tucumano todavía tiene mucho margen para crecer.
Sin embargo, el trabajo del Banco de Alimentos va mucho más allá de garantizar un plato de comida.
Josefina Correa remarcó que alimentar es apenas el primer paso dentro de un proceso mucho más amplio de acompañamiento social. Muchas de las organizaciones con las que trabajan funcionan también como espacios de contención, formación y pertenencia para niños, jóvenes y familias completas.
En esa línea, uno de los proyectos que más orgullo genera dentro de la institución es la Escuela de Cocina del Banco de Alimentos.
Creada hace seis años y actualmente avalada por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), la escuela ya capacitó a más de 500 personas, muchas de las cuales hoy cuentan con una salida laboral vinculada a la gastronomía.
Lo que comenzó como una propuesta destinada exclusivamente a referentes de organizaciones sociales terminó convirtiéndose en un espacio abierto para toda la comunidad, donde además de aprender un oficio, los alumnos encuentran un ámbito de integración, amistad y crecimiento personal.
«Hoy no solamente forman cocineros profesionales. También se genera un espacio donde la gente encuentra contención, hace amigos y construye vínculos muy importantes», destacó Josefina Correa.
En este contexto, la tradicional cena anual adquiere un valor estratégico para el funcionamiento del Banco de Alimentos.
El encuentro, que se realizará el próximo 20 de agosto, está orientado principalmente a empresas, aunque también participan voluntarios, aliados estratégicos y nuevos colaboradores interesados en conocer el trabajo que desarrolla la organización.
Más allá del aspecto institucional, la cena representa una oportunidad para que nuevas empresas se conviertan en protagonistas del cambio social.
«Todo lo recaudado se transforma en alimentos», resumió Josefina Correa, quien invitó a empresarios y organizaciones a sumarse no solo mediante aportes económicos sino también acercando ideas, proyectos y nuevas formas de colaboración.
Pablo Grandval agregó que actualmente el Banco de Alimentos ya no habla únicamente de «donantes», sino de «impulsores del cambio social». La institución busca construir relaciones de largo plazo con empresas que integren sus programas de responsabilidad social empresarial y participen activamente de las iniciativas solidarias.
Además de la campaña permanente del agro y de la cena anual, otra de las acciones centrales es «Navidad con Propósito», mediante la cual las empresas pueden reemplazar las tradicionales cajas navideñas por las que ofrece el Banco de Alimentos. Cada caja adquirida permite financiar alrededor de 50 platos de comida destinados a familias vulnerables.
Ambos referentes coincidieron en que cualquier persona puede colaborar. Ya sea mediante alimentos, dinero, voluntariado, difusión o aportando conocimientos, existen múltiples maneras de formar parte de esta cadena solidaria que desde hace más de dos décadas trabaja para reducir el desperdicio de alimentos y combatir el hambre en Tucumán.
Con una red que alcanza a decenas de miles de personas, un modelo transparente de gestión y una fuerte articulación entre el sector privado, el agro y las organizaciones sociales, el Banco de Alimentos continúa demostrando que la solidaridad también puede organizarse, profesionalizarse y generar un impacto concreto. La cena del próximo 20 de agosto volverá a ser una oportunidad para que esa red siga creciendo y para que más empresas e instituciones se conviertan en protagonistas de una tarea que transforma donaciones en oportunidades y alimentos en esperanza.













