En el corazón del Valle Calchaquí, en un paisaje donde la aridez convive con una belleza imponente, una empresa familiar decidió dar un paso más allá de la producción primaria. La Capellanía es un establecimiento agroganadero ubicado en el departamento de Santa María, Catamarca, que desde hace más de un siglo produce alimentos, pero que en los últimos años comenzó a abrir sus tranqueras para algo distinto: compartir su forma de vida con la comunidad a través del turismo rural. La propuesta combina tambo, quesería artesanal y visitas guiadas, en un contexto donde cada vez más personas buscan saber de dónde vienen los alimentos y reconectarse con lo auténtico.
La historia de La Capellanía se remonta a fines del siglo XIX o principios del XX. “Somos un emprendimiento familiar de cuarta generación. El primer dueño fue un pariente lejano, un cura párroco de Catamarca. Dentro del establecimiento existía una pequeña capillita y fue él quien bautizó el lugar. Mantenemos el nombre por el capellán, que era quien cuidaba la capilla”, explicó el ingeniero agrónomo Augusto Villagra, actual responsable del proyecto.

El establecimiento se encuentra a unos 220 kilómetros de la capital catamarqueña y a apenas 15 kilómetros de Amaicha del Valle, en una región marcada por escasas precipitaciones y una gran amplitud térmica. “Es una zona desfavorable para algunas actividades agrícolas, pero nosotros realizamos principalmente producción de ganado bovino para leche en un pequeño tambo, además de producción forrajera, pimiento para pimentón y comino en invierno”, detalló Villagra. Lejos de ser una limitación, el entorno se transformó en una oportunidad para pensar alternativas que sumen valor.
La idea de incorporar visitas guiadas no surgió de un plan estratégico previo, sino casi por azar. “Unos guías turísticos que hacen trekking y rappel nos contactaron porque tenían un contingente sin actividades para una tarde. Con mi hermano Eduardo aceptamos con temor, porque era algo nuevo para nosotros”, recordó. La experiencia superó todas las expectativas. “La gente salió muy conforme y le encantó nuestro sistema productivo. A partir de ahí empezamos a recibir visitantes de Tucumán, Salta, del interior de Catamarca e incluso público internacional”.
Quienes llegan por primera vez a La Capellanía suelen experimentar una mezcla de sorpresa y calma. “La primera reacción es la sorpresa paisajística, rodeados por la Sierra del Aconquija y la Sierra del Cajón. Muchos visitantes, sobre todo jubilados, nos dicen que sienten muchísima paz y tranquilidad”, contó Villagra. Las actividades están pensadas para que el visitante no solo observe, sino que participe: alimentar a los terneros en las guacheras con mamaderas, interactuar con las vacas “animales muy mansos y dóciles” y recorrer un predio de unas 10 hectáreas donde la producción es a escala humana.
El turismo rural aparece así como un complemento estratégico para la empresa. “Es un potencial que yo recomendaría tomar. No solo permite mostrar lo que hacemos, sino también comercializar productos directamente, sin intermediarios”, afirmó el ingeniero. En ese sentido, destacó la importancia del trabajo colectivo: “Es fundamental armar un buen equipo y apoyarse en la familia”. Además, subrayó que este tipo de iniciativas no solo benefician a un establecimiento puntual, sino que fortalecen la economía regional. “En Santa María tenemos bodegas artesanales que no tienen nada que envidiarle a Cafayate y estamos a la vanguardia en calidad de especias como el pimiento para pimentón”.
Uno de los puntos más atractivos del circuito es la quesería. Durante la visita, los turistas pueden conocer todo el proceso productivo. “Mostramos desde el ordeñe hasta que la leche pasa de estado líquido a sólido, que es el queso”, explicó Villagra. Elaboran quesos semiduros, pensados tanto para picadas como para postres, bajo un esquema que combina lo artesanal con criterios industriales. “Aplicamos pasteurización, maduración y envasado al vacío”, precisó.
Hace apenas una semana, la familia dio otro paso clave al presentar su propia marca: Quesos Don Eduardo. “Es un homenaje a mi padre, que fue el mentor y el visionario de todo esto”, contó con orgullo. Actualmente, el emprendimiento se encuentra en proceso de habilitaciones para poder comercializar sus productos en todo el país, un desafío que refleja la intención de crecer sin perder identidad.
De cara al futuro, los planes no se detienen. “Queremos ser más eficientes incorporando tecnología en riego y genética de vacas”, adelantó Villagra. En paralelo, el proyecto tiene una fuerte dimensión social y educativa. Están preparando un predio para un pequeño camping, mantienen convenios para pasantías con estudiantes de carreras agrarias y reciben visitas de colegios. “La idea es transmitir el conocimiento sobre cómo producir en zonas desfavorables”, remarcó.
La Capellanía es, en definitiva, un ejemplo de cómo el agro puede abrirse, diversificarse y dialogar con la sociedad. Un lugar donde producir alimentos, contar una historia y ofrecer una experiencia van de la mano. “Los invitamos a todos a que vengan a Santa María a conocer nuestro sistema y degustar nuestros quesos”, cerró Villagra. A veces, abrir las tranqueras es también abrir nuevas oportunidades.













