Las crecidas de los ríos vinculadas al fenómeno de El Niño obligaron a evacuar 147.500 bovinos y bubalinos desde agosto, un 102% más que en el mismo período de 2025.
Según informó la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca de la Nación sobre la base de registros del SENASA, los movimientos se realizaron desde zonas anegadas de Corrientes, Chaco, Entre Ríos, Santa Fe y el área de islas de Buenos Aires.El operativo demandó 7.448 traslados, formalizados mediante el Documento de Tránsito electrónico (DT-e). Para facilitar la salida de los establecimientos afectados, el organismo sanitario agilizó las gestiones administrativas y reiteró las recomendaciones para preservar la sanidad y el bienestar de los rodeos.
Las cifras corresponden a un balance parcial, ya que se espera que los egresos continúen aumentando a medida que evolucione la situación hídrica en cada región. En este escenario, anticipar los movimientos y preparar los lugares de resguardo resulta fundamental.
Entre las gestiones que facilitó el Senasa se encuentran la emisión del DT-e y la inscripción en el Registro Nacional Sanitario de Productores Agropecuarios (RENSPA). También se prevén medidas excepcionales para el cumplimiento de los requisitos sanitarios de movimiento. Esas exigencias deberán completarse cuando los animales lleguen al establecimiento de destino.
Anticiparse al agua y preparar el resguardo
Antes de iniciar la evacuación, se recomienda identificar potreros altos o zonas seguras y acopiar alimento y agua potable. El traslado debería comenzar entre 24 y 48 horas antes de la llegada del agua, con arreos en grupos reducidos para disminuir el estrés.
Otra de las pautas es marcar a los animales sobre el lomo con pintura en aerosol de uso veterinario, para reconocerlos a distancia. Cuando no sea posible retirarlos, se aconseja abrir tranqueras y alambrados internos para que puedan desplazarse hacia los sectores más elevados.
Una vez que el agua descienda, los cuidados deben concentrarse en suministrar agua segura, controlar las pezuñas y mantener actualizado el plan sanitario. Estas prácticas ayudan a prevenir leptospirosis, pietín y enfermedades asociadas al aumento de garrapatas, como anaplasmosis y babesiosis.
A su vez, la llegada a otro campo requiere especial vigilancia en el caso de la hacienda procedente de las islas, que puede desconocer las especies vegetales del lugar. En este sentido, el SENASA advirtió sobre el riesgo de consumir plantas tóxicas, entre ellas el mío-mío (Baccharis coridifolia), muy peligroso para los bovinos que no están habituados a él.
Por eso, se recomienda revisar los potreros antes de soltar a los animales, evitar los lotes donde estén presentes estas especies y ofrecer forraje y agua al arribo. La observación durante los primeros días también forma parte de las medidas preventivas, y ante temblores, babeo o decaimiento, se debe contactar de inmediato a un veterinario o a la oficina del SENASA de la jurisdicción.
El seguimiento sanitario en el establecimiento receptor es parte de la protección del rodeo durante la emergencia. Con los traslados aún en curso, anticipar la evacuación y sostener los cuidados en destino son claves para evitar que a las consecuencias de las inundaciones se sumen problemas de salud animal.













