La reelección de Luiz Inácio Lula da Silva en Brasil abre un nuevo escenario para la relación comercial con Argentina y plantea interrogantes para el agro y las economías regionales. Con un mercado de más de 200 millones de habitantes y una relación comercial estratégica, el país vecino representa una oportunidad para las exportaciones argentinas, aunque la evolución del tipo de cambio y la capacidad de competir serán factores determinantes. El economista Eduardo Robinson analizó las perspectivas y señaló cuáles son las variables que deberán seguir los productores y las empresas agroindustriales.
“Lo que nosotros tenemos que ver básicamente es un socio comercial que tiene más de 200 millones de habitantes y que representa para Argentina una gran oportunidad por su cercanía y por su potencial como mercado consumidor”, sostuvo Robinson en diálogo con Suena a Campo. Para el economista, más allá de las diferencias políticas entre los gobiernos, el vínculo debe analizarse principalmente desde su dimensión comercial.
Según indicó, Brasil recibe alrededor del 20% al 25% de las exportaciones argentinas, por un valor cercano a los 9.000 o 10.000 millones de dólares. Aunque actualmente existe un déficit comercial bilateral, destacó la importancia de sostener y profundizar el intercambio entre ambos países.
Entre las cadenas productivas involucradas aparecen la industria automotriz, los cereales y la carne bovina. Argentina exporta vehículos, utilitarios, maíz y trigo al mercado brasileño, mientras que en el negocio cárnico ambos países también compiten por los destinos internacionales. Esa doble condición, como socios y competidores, obliga a prestar atención a las decisiones económicas que se tomen en Brasil.
“Tenemos que mirar más la parte de socio que tenemos con Brasil que la parte competidora”, afirmó Robinson, al remarcar que el desempeño de la economía brasileña puede tener consecuencias directas sobre la actividad argentina.
Para el NOA, la relación tiene una importancia particular. El economista señaló que las exportaciones de la región crecieron un 68% en lo que va del año, mientras que Tucumán destinó a Brasil entre el 12% y el 15% de sus exportaciones, equivalentes a unos 150 o 200 millones de dólares sobre un total provincial cercano a los 1.000 millones.
En ese contexto, el crecimiento de la economía brasileña aparece como una variable central. Una mayor actividad podría impulsar el consumo y ampliar la demanda de productos importados, generando oportunidades para los sectores argentinos vinculados con la producción agroindustrial.
“Es muy importante que crezca Brasil porque es una locomotora que tracciona a las economías de América del Sur y Argentina más todavía por su cercanía”, explicó Robinson. Sin embargo, advirtió que también será necesario observar el comportamiento de la moneda brasileña y su relación con el dólar.
El economista puso el foco en la depreciación del real registrada después de las elecciones, que, según señaló durante la entrevista, rondó el 12%. Una moneda brasileña más débil puede encarecer los productos argentinos para los compradores de ese mercado y afectar la competitividad de las exportaciones. También puede influir sobre la inflación, el empleo y, por esa vía, la capacidad de consumo.
Para los productores que venden a Brasil, seguir la relación entre el real y el dólar será importante al momento de evaluar precios, costos y oportunidades comerciales. A mediano plazo, también deberán observar si la economía brasileña consigue expandirse o si atraviesa un período de menor crecimiento.
“Fundamental el valor del tipo de cambio en Brasil, fundamental”, insistió Robinson. Y agregó que la evolución de la actividad económica determinará si el mercado vecino puede absorber un mayor volumen de importaciones.
No obstante, el economista consideró que Argentina también debe resolver sus propias limitaciones para aprovechar esa oportunidad. Entre los principales desafíos mencionó la infraestructura, la logística y la carga tributaria, factores que inciden sobre los costos de producción y el acceso a los mercados.
“Nosotros tenemos que hacer nuestra tarea, que es fundamentalmente devolverle a nuestra economía mayores niveles de competitividad”, planteó. En su análisis, la competitividad no depende exclusivamente de las condiciones cambiarias, sino de un conjunto de factores que deben funcionar de manera coordinada para impulsar las exportaciones y atraer inversiones.
En el norte argentino, esa agenda incluye mejorar las condiciones de transporte y facilitar el acceso a los mercados de destino. Robinson advirtió que, aunque Brasil está geográficamente cerca, las dificultades logísticas todavía representan una limitación para potenciar el intercambio comercial de las economías regionales.
Las diferencias políticas entre Lula y el presidente argentino, Javier Milei, también forman parte del escenario. Para Robinson, las visiones compartidas pueden facilitar acuerdos y políticas comunes, mientras que las divergencias pueden generar dificultades. Sin embargo, señaló que todavía existen interrogantes sobre la gobernabilidad brasileña y las decisiones económicas que adoptará el nuevo gobierno.
El economista mencionó, además, el crecimiento del déficit público de Brasil y las posibles consecuencias sobre los impuestos y la actividad. Consideró que habrá que observar cómo se articula el Ejecutivo con un Congreso de orientación opositora y qué impacto tendrán esas condiciones sobre la economía.
Al mismo tiempo, la variación del real puede generar oportunidades para otros negocios. Robinson señaló que las empresas argentinas podrían encontrar condiciones atractivas para adquirir maquinaria, insumos y repuestos brasileños. También mencionó el turismo y las actividades comerciales como sectores que pueden verse favorecidos por una moneda brasileña más débil, aunque aclaró que no está definido cuánto tiempo se mantendrán esas condiciones.
Para el agro argentino, el escenario combina oportunidades de exportación con desafíos de competitividad. La evolución del tipo de cambio y el crecimiento brasileño serán dos variables centrales, pero el aprovechamiento de ese mercado también dependerá de la capacidad local para reducir costos, mejorar la infraestructura y fortalecer la logística.
“Tenemos que ser mucho más competitivos de lo que somos”, concluyó Robinson. En una relación comercial que resulta estratégica para Tucumán y el NOA, la reelección de Lula vuelve a poner en primer plano la necesidad de transformar la cercanía geográfica con Brasil en mejores condiciones para producir, exportar y agregar valor.













